El esforzarte toda la mañana y tarde por no comer de mas. Sentirte orgullosa, feliz, con ganas de divertirte, como si te hubiesen transformado en una princesa. Y al final, al anochecer, se acaba el encanto, la magia y vuelves a tu forma original, a tu naturaleza. A ser un cerdo. Tragando el doble, ¡el triple! de toda la comida que no comiste en el día. Y entrada la madrugada solo sentir el fierro contra tu piel. Tu castigo.


